
En la línea de doblado, los ciclos de deformación se reducen a un control eficiente del calor. Si el campo térmico no está bajo control, se producen desviaciones en la forma del material, distorsiones ópticas y estrés térmico que pueden causar grietas en las piezas durante el proceso de templado. Los hornos de convección tardan minutos en alcanzar la temperatura deseada, además de dificultar el mantenimiento de un perfil térmico estable.
Lo que realmente importa Nuestro sistema de doblado por infrarrojos utiliza emisores de cuarzo de onda corta para transmitir energía radiante de manera rápida y directa. La densidad de potencia máxima alcanza los 60 W/cm²; por lo tanto, una lámina de 4–6 mm puede alcanzar una temperatura de 1500°C en 8–10 segundos. En toda la zona de doblado, mantemos una temperatura constante de ±3°C, de modo que el vidrio recibe el mismo perfil térmico en todo su área. El sistema funciona con voltaje de 380 V en tres fases, consume 30 kW por metro, y puede utilizarse con soportes y reflectores cerámicos estándar, sin necesidad de redesignes.
Por qué este método es eficaz en la práctica El doblado por infrarrojos consiste en lograr una deformación reproducible, sin excesos de calentamiento. Una uniformidad precisa reduce los gradientes térmicos, lo que disminuye las marcas de estrés y mejora el rendimiento de los componentes recubiertos o laminados. Las rápidas transiciones de temperatura acortan el tiempo necesario para el proceso de doblado, por lo que las secuencias típicas se completan 20–30% más rápido. El consumo de energía disminuye, ya que la energía se dirige directamente al vidrio, en lugar de calentar el aire. Hemos visto que estos sistemas pueden funcionar más de 5,000 horas con una disminución en el rendimiento inferior al 5%.
La clave del uso de infrarrojos en el doblado es la línea de visión entre el emisor y el vidrio. La disposición de los emisores debe adaptarse a la forma del vidrio y al camino que sigue. La emisividad superficial varía según los recubrimientos, por lo que es necesario ajustar la densidad de potencia y el tiempo de exposición para mantener al vidrio dentro del rango de temperatura deseado.
Los operadores necesitan pirómetros o sistemas de retroalimentación cerrada para evitar que los bordes delgados del vidrio se recalienten. La puesta en marcha del sistema es rápida, siempre y cuando se tome el tiempo necesario para alinear las lámparas, los reflectores y el perfil del transportador.